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Tomado de:  Sapiens De animales a dioses (2015) de Yuval Noah Harari.

     Te atormentas. Sí. Escribes sobre el tiempo, sobre este tiempo que te desata estas violentas irrupciones de eczema; sobre este tiempo que te hace anhelar otro tiempo. Quisieras no estar aquí, dices, escupes tu hastío, hacia arriba, hacia donde se te antoja, pero lo haces sin verdadero rigor, sin convencimiento, porque ninguno de tus teoremas prueba la injusticia de la vida que te corresponde vivir. Entonces, como eres bueno y liberal, abrazas el porvenir. Pero sigues atormentándote, la sarna florece con su impunidad de siempre, y se extiende sobre tu piel hasta hacerte gritar. Bruxas frenéticamente, cierras los puños, ponderas tu roña con desesperación. Así ha de ser hasta el final. Sí. Hablas del tiempo que fluye hace adelante; de mares, de amaneceres. En el fondo, en el eco de tus tormentos un solo clamor se escucha: pides justicia. Crees que lo que escribes debe ser proporcional a la pretendida profundidad de tus tormentos. Pero, sabes -o tal vez no-, que esta no es más que una ponderación falaz y vanidosa. Pides justicia, ergo no te escuchas. Sólo escuchas tus tormentos. Eres tan joven.

          Reclamar ese porvenir no te convierte en visionario. Alguien, no obstante, te saluda desde el futuro, desde tu tiempo, desde tu justicia. Cuentas con un poco de suerte. Cualquier cosa que ocurra con tus tormentos no tendrá ningún sentido para nosotros.

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