Mecanismos internos

“En medio del horror, la vida cotidiana siempre prosigue y eso ha salvado la cordura de muchos. Se perciben los signos de la muerte y del terror, pero no hay visiones claras de una alteración de las costumbres. Los ómnibus paran en las esquinas, los negocios funcionan, algunas parejas se casan y hacen fiestas, no puede ser que esté pasando nada grave. Se ha invertido la sentencia de Heráclito, pensó Junior”. La ciudad ausente, Piglia.

El libro, en parte, tiene que ver con una máquina capaz -gracias a sus núcleos narrativos- de absorber textos y regurgitarlos en nuevos textos que son a su vez nuevas formas narrativas las cuales no pierden su relación con los textos previamente devorados. A su modo, es un artefacto capaz de crear. Memoriza y aprende maneras de narrar. Entre más devora, más autonomía desarrolla.

Luego, en alguna parte, el lector termina por enterarse de que el libro es la palpitación de la maquina misma. Leer es ponerla en marcha. Y hay desolación: la mecánica narrativa es inasible para el lector porque ésta opera como un azar cuántico, subatómico.

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