Tiempo.


Tampoco importará entonces

que te mueras rasgándote la carne

con uñas horrorosas, con espanto;

nada importará que te extingas

zarandeando el cráneo desesperadamente

como una veleta inerme abofeteada

por mezquinas borrascas;

importará un bledo

que al borde del tiempo

despostes tus muslos

con garfios enloquecidos.

Nada importará que maldigas y odies,

ni que dibujes en tu rostro acerado

la suplica del que nada ha logrado

y sólo ha sabido ser víctima.

Igual, no importa,

te devorará el fiordo incoloro del tiempo.

Postrado,

envuelto en la inmundicia de tus mortajas

plagadas de manchas ocres,

como si fueses gusano o superficie

de un mundo sulfuroso;

desterrado en tus liquideces úricas,

ahí,

no importará que te mueras

debiéndole todo a tus hijos o nietos,

todavía empapado de tus violencias insondables,

carbonizado, corroído,

ulcerado por las acideces de tus sueños

tan absurdamente soñados;

un comino importará

que te mueras tan mal, tan ofendido,

tan defraudado,

que de tu extinción

sólo reverberen miserias, laceraciones.

Valdrá verga que te retuerzas

y que te abras las rodillas

y te que te desuelles las mejillas

para exhibir el horror lateral

de sonrisas nunca vistas.

No importa, y tampoco importará entonces

que grites tus pueriles estridencias

de moribundo excelso.

Quién me ha herido de este modo,

preguntarás,

quién me ha inoculado esta putrefacción en el pecho,

esta oscuridad interminable;

y así serán tus últimos lamentos,

hipócritas,

y así fulgirás por dentro

todavía neciamente obstinado

por formularle una dignidad

a todo tu sufrimiento.

Y querrás que se ría la muerte,

pero no habrá muerte, verás,

sólo hay tiempo.

Y no importará, como no importa ahora,

que sea un horror tu agonía,

que te lleves contigo

millares y millares de injusticias

no saldadas.

Porque ya entonces

cuando no te quepa más carne en las uñas,

serás tiempo.

No serás roca, ni torbellino,

ni torcaza, ni orgasmo, ni coleóptero;

serás sencillamente tiempo:

te apagarás roído por la misma rabia incólume,

y no serás ballena que repose

en las profundidades de un azul ignoto,

ni mutarás en verdores fragantes.

Al igual que siempre, desdichado,

seguirás siendo tu furia en el tiempo,

en el tiempo mismo que es tu furia,

y verás su porosidad baldía

arrebatándote el privilegio

de seguir ardiendo.

Y cuando se apague tu rencor

y te lubrique con su lívido bálsamo

la muerte,

serás tiempo,

seguirás siendo tiempo.

Serás tiempo.

E importará un bledo.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s