Infamias

          Con Rebelión de los oficios inútiles, Ferreira procura, entre otras cosas, el placer de descubrir pintores. En el entramado de líneas narrativas que trenza escueta pero audazmente, una de las historias es la de Ana Larrota, líder cívica, mujer facinerosa. Esta imagen, sugerida sutilmente por el narrador, es una pista para sumergirse bien en la atmosfera de la novela (y en la resonancia de este personaje). Hambre, locura y crimen, fue pintado por Antoine Wiertz en 1853:

Antoine_Wiertz_-_Faim,_folie_et_crime

           Su fuerza tal vez se deba a que aglutina el instante en que la locura parece ceder su lugar a la cordura. Delirante, en todo caso, así como es delirante la fuerza de la infamia de Colombia. Un fragmento:

          “Mi madre fue ayudante en el ejército liberal del general Rafael Uribe Uribe. A la derrota de Palonegro se fue a vivir con su segundo marido en un refugio junto al río Magdalena. En paz no pudo vivir. Nadie podía vivir en paz en ese entonces, aunque mucho quisiera. Las mujeres estaban viudas y los hombres estaban lisiados. La finca, como otras fincas de antiguos combatientes, fue quemada en dos ocasiones por el gobierno conservador, con la excusa de que ahí se escondían bandoleros que no se acogieron al tratado de Neerlandia. Con sólo recordarle, si me lo permite, que a toda esa zona se la llamó Cordillera de los Cobardes porque era el refugio de muchos combatientes en desgracia, perseguidos por el gobierno.”

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